Juan Diego Polo explica el experimento que han llevado a cabo en la Ohio State University donde 330 participantes hicieron terapia de pareja con la inteligencia artificial
En un experimento reciente llevado a cabo en la Ohio State University, 330 participantes fueron sometidos a sesiones de terapia de pareja donde el protagonista fue nada menos que ChatGPT, la inteligencia artificial que ha conquistado al mundo con su capacidad para generar texto humano. Lo que descubrieron los investigadores es revelador y pone sobre la mesa la cuestión de si las máquinas podrían, algún día, desempeñar un papel más allá de las herramientas convencionales: ¿Pueden las IA mejorar la terapia psicológica?
El ingeniero de telecomunicaciones, formador y consultor en inteligencia artificial Juan Diego Polo, explicó en el programa Poniendo las Calles que este tipo de experimentos no son nuevos, pero sí sorprendentes en sus resultados. De hecho, Polo destaca que en algunos países asiáticos, como Japón, ya se utiliza la IA como psicóloga para adolescentes. El motivo es que los adolescentes suelen sentirse más cómodos abriéndose con una máquina que con un humano. Según los investigadores, cuando un adolescente interactúa con un psicólogo humano, suele ser más reservado, pero con una inteligencia artificial, se siente más libre para expresarse. Esto podría indicar que el estigma de hablar con un adulto podría reducirse al tratar con una IA, que no juzga, no es crítica y no tiene una presencia física que condicione la conversación.
Experimento con ChatGPT
Este dato no solo sorprende, sino que plantea una reflexión profunda sobre el futuro de la terapia psicológica. ¿Podría la IA, en algún momento, sustituir a los terapeutas humanos? Aunque la posibilidad parece remota para muchos, los resultados de este estudio abren un debate relevante sobre el papel de las tecnologías en el campo de la salud mental.
¿Podría la inteligencia artificial reemplazar a los terapeutas humanos?
Es cierto que los resultados son prometedores, pero Juan Diego Polo se apresura a señalar que, por el momento, la IA no puede sustituir por completo a un terapeuta humano. La inteligencia artificial, aunque eficaz en ofrecer consejos generales y respuestas a problemas de comunicación, no tiene la capacidad de juicio ni la empatía que un ser humano puede aportar en situaciones complejas. Casos delicados como el abuso, la infidelidad o traumas emocionales requieren un enfoque mucho más matizado, que, a día de hoy, la IA no está preparada para abordar de manera eficaz.
Además, Polo señala un aspecto fundamental en la interacción con las inteligencias artificiales: el riesgo de que estas reflejen sesgos culturales. La IA no tiene el contexto completo de una persona, como sí lo tendría un terapeuta humano que interactúa de forma directa con sus pacientes. Es decir, podría ofrecer consejos que, dependiendo del contexto cultural o de género, no sean los más apropiados para cada situación. Mientras que un terapeuta humano ajusta sus respuestas con empatía y conocimiento del entorno, la IA opera de manera más rígida, basándose únicamente en los datos del caso.
Lo que sí parece claro es que la inteligencia artificial podría complementar la terapia tradicional, funcionando como una herramienta de apoyo. «Podría ayudar a dar una orientación inicial, ofrecer un primer diagnóstico, o incluso dar una segunda opinión», explica Polo. Este enfoque podría ser especialmente útil en situaciones donde las parejas o los individuos busquen una guía más neutral o necesiten mejorar la comunicación. Sin embargo, en casos más complejos o cuando se trata de cuestiones emocionales profundas, la presencia de un terapeuta humano sigue siendo indispensable.
De esta forma, la IA podría desempeñar un papel importante en los primeros pasos de un proceso terapéutico, pero no se debe confiar completamente en ella para intervenciones críticas o decisiones de alto impacto.
Un futuro incierto pero prometedor
En definitiva, el experimento realizado por la Ohio State University y las declaraciones de Juan Diego Polo abren las puertas a un debate interesante sobre el papel de la inteligencia artificial en la salud mental. Si bien es claro que la IA aún no está preparada para reemplazar a los terapeutas humanos, su capacidad para ofrecer apoyo inicial y complementar las terapias tradicionales es innegable. A medida que la tecnología avanza, es posible que veamos más experimentos y aplicaciones en este campo, pero, por ahora, parece que el toque humano sigue siendo fundamental en el tratamiento de los problemas emocionales más profundos.
Quizás dentro de 10 años, la IA pueda evolucionar hasta convertirse en una herramienta más compleja, capaz de abordar problemas emocionales más profundos, pero por ahora, sigue siendo un apoyo más que un sustituto. Sin duda, un campo en constante evolución que promete revolucionar el modo en que entendemos la terapia y la salud mental.




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